
El pulpo y sus tentáculos
Una historia sobre los espacios que compartimos
Dicen que, en las profundidades del mar, apareció un pulpo con una habilidad extraordinaria: podía estar en muchos lugares al mismo tiempo.
Con paciencia, fue extendiendo sus tentáculos por cada rincón. Allí donde encontraba una puerta abierta, dejaba una huella; donde había un espacio disponible, hacía lugar para los suyos. Poco a poco, todos comenzaron a preguntarse si aquel lugar seguía siendo de todos o si se estaba convirtiendo en el hogar de unos pocos.
El pulpo no hacía ruido. Sonreía, saludaba y aseguraba que todo estaba bajo control. Sin embargo, sus tentáculos ya alcanzaban los recursos, las decisiones y las oportunidades.
Hasta que un día, los habitantes del mar comprendieron que los espacios compartidos necesitan equilibrio, ventanas abiertas y muchas miradas atentas. Porque cuando una sola criatura intenta abarcarlo todo, hasta el océano puede sentirse pequeño.
A veces, una imagen dice más que mil explicaciones: basta observar cuántos tentáculos aparecen alrededor de una misma puerta.
Reflexión: lo que pertenece a todos debe cuidarse con transparencia, responsabilidad y participación.