
EDITORIAL | Las nuevas autoridades de la UASD: por una universidad que cumpla con su gente y respete sus reglas
Cuando llegan nuevas manos a la dirección de la UASD, todo el país presta atención. Porque esta casa de estudios no es solo un edificio o una lista de carreras: es el lugar donde miles de jóvenes —y no tan jóvenes— encuentran la única oportunidad de formarse, de superarse y de poner su talento al servicio de todos. Es parte de nuestra historia y también de lo que seremos como nación.
Para que esta nueva etapa sea buena, hay algo que no se puede dejar de lado: respetar lo que está escrito en el Estatuto Orgánico, en el reglamento de los maestros y en el del personal administrativo. No se trata de cumplir papeles por cumplir: es la única forma de cuidar los derechos de todos, de evitar que las decisiones se tomen al antojo de alguien y de que la universidad funcione con orden y claridad. Cuando las reglas se respetan, ganan los estudiantes, ganan los profesores y gana todo el personal que hace posible que cada día se abran las aulas.
Y es que una universidad ordenada es la que realmente ayuda al país. De ahí salen los médicos que nos atienden, los maestros que enseñan a nuestros hijos, los ingenieros que hacen nuestras obras y los profesionales que mueven el día a día. Pero para que eso siga pasando, hace falta mejorar lo que ya existe, abrirse a lo nuevo y trabajar pensando en lo que la gente realmente necesita. Todo eso empieza por el respeto a la norma y por poner el bien común por encima de cualquier interés particular.
Las nuevas autoridades reciben una gran confianza y una gran responsabilidad. La comunidad universitaria y todo el país esperan que este tiempo sea de estabilidad, de más oportunidades y de mantener viva la razón de ser de la UASD: educar para servir. El camino está claro: respeto a lo establecido, educación de calidad y trabajo por el desarrollo de todos. Que cada paso que se dé vaya por ahí.