Fábulas del presente

El Árbol de los Apellidos

Sumario: Abuelo, padre, madre, hijos, hermanos, tío, sobrino, primo, esposo de la hija, cuñado… y hasta el hijo del primo. En el bosque, un solo apellido ocupa todas las ramas, mientras los demás hacen fila con sus méritos en la mano.

En el bosque de la institución había un árbol enorme llamado el Árbol de los Apellidos. Sus ramas daban sombra, sus frutos eran los mejores puestos y su savia era el sueldo. Todos los animales soñaban con posarse en él, convencidos de que bastaba con estudiar, prepararse y hacer méritos.

Pero había una familia que no solo vivía en sus ramas: la había tomado completa. Los Roble habían llegado un día, y con el tiempo el árbol creció a su alrededor. No quedó rama sin apellido.

El abuelo Roble se jubiló como funcionario, con pensión completa y sillón reservado. El padre, la madre, los hijos y los hermanos seguían activos. El tío supervisaba, el sobrino acababa de ser nombrado, el primo trabajaba en la oficina de al lado, el esposo de la hija entró a la nómina y el cuñado también. Hasta el hijo del primo, todavía estudiante, ya tenía su rama reservada.

Los demás animales no trepaban el árbol: esperaban turno al pie del tronco. La ardilla estudiaba, el búho investigaba, el zorro se preparaba. Pero al llegar a la rama del Cargo encontraban siempre el mismo apellido. El padre supervisaba al hijo; el hijo evaluaba al primo; el tío firmaba el permiso del sobrino; el cuñado aprobaba el contrato del esposo de la hija. Y el abuelo, ya jubilado, seguía opinando desde su sillón: «Así se ha hecho siempre en esta familia».

Ilustración editorial de El Árbol de los Apellidos
Ilustración editorial de El Árbol de los Apellidos

Un día, una hormiga que llevaba años en la fila preguntó en voz alta: «¿Y nosotros? ¿Cuándo nos toca una rama? Tengo méritos, títulos, años de servicio.» El bosque quedó en silencio. El padre carraspeó, el hijo miró para otro lado, la madre pidió «respetar los procesos», el cuñado fingió no escuchar y el abuelo sentenció: «Aquí se trabaja por amor al árbol».

Entonces el búho, que todo lo observaba, dijo en voz baja lo que todos pensaban pero nadie se atrevía a decir: «El problema no es que falten méritos. El problema es que aquí los puestos no se ganan por mérito.»

La hormiga entendió que no era falta de talento ni de esfuerzo: era que el árbol ya tenía dueño. Y los dueños no sueltan la rama donde duermen… ni se olvidan de reservarles rama a los que aún no han nacido.

Moraleja: Cuando una familia entera se come la institución, los puestos no se ganan por mérito: se heredan. Y los que quedan afuera no pierden por falta de talento, sino porque el árbol ya tiene dueño… y descendencia.

Pedro Gonzalo Hernández

Pedro Gonzalo Hernández es el fundador, director y editor responsable de Ciudad del Norte, periódico digital dominicano con sede en Santo Domingo, comprometido con informar de forma veraz, oportuna y responsable a Santo Domingo Norte y República Dominicana.Es egresado de Ciencias de la Comunicación, con postgrado en Educación Virtual y maestría en Enseñanza Superior (UASD). Es fundador y titular del registro comercial de Ciudad del Norte ante ONAPI (Núm. 872391).Contacto: mailto:info@ciudaddelnorte.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *