
Roberto Santana Sánchez: el hombre que convierte las cárceles en escuelas
Santo Domingo, 1.º de octubre de 2026. — Sin apellidos poderosos, fortunas familiares ni palancas políticas, Roberto Santana Sánchez llegó a la dirección general del sistema penitenciario dominicano por un camino que pocos recorren: el de la pobreza rural, la lucha estudiantil y la experiencia directa de haber estado tras las rejas. A sus 74 años, este hombre, nacido en El Naranjal, San José de Ocoa, asumió la tarea que muchos consideran casi imposible: transformar centros de encierro —durante décadas sinónimo de abandono, corrupción y violencia— en espacios donde se recupere la dignidad y se aprenda a vivir en libertad.

De un pueblo del campo a la tribuna universitaria
Creció en una familia cuyo único patrimonio era el esfuerzo y la educación: su padre era agricultor y su madre, maestra. A los trece años ya participaba en movimientos culturales y comunitarios, guiado por el padre Luis Quinn. Al llegar a la UASD, se convirtió en la voz más reconocida de su generación: primero fue dirigente de la Unión Nacional de Estudiantes Revolucionarios (UNER) y luego presidente de la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED). Su elección fue un hecho inédito: un joven sin aparato político venció a candidatos con larga trayectoria, respaldado mayoritariamente por las estudiantes. En las calles enfrentó la represión del gobierno de Joaquín Balaguer y, con cada detención, fue formando la visión que hoy guía su gestión.
Setenta y dos detenciones: la escuela más difícil
Nadie conoce el sistema penitenciario dominicano desde adentro como él. Fue apresado 72 veces. En esas celdas vio lo que pocos se atreven a confesar: hacinamiento inhumano, corrupción generalizada, violencia y desatención absoluta. Lejos de doblegarlo, aquella experiencia sembró las ideas que más tarde orientarían su trabajo:
«Las ideas de cambio que hoy pongo en práctica fueron las mismas que me llevaron a prisión. Allí, entre cuatro paredes, consolidé la convicción de que un sistema penitenciario digno es posible», ha declarado.
📰 Fuente: Al Momento / El Faro RD, 28–30 de enero de 2026

De las aulas a la reforma: «la cárcel es una escuela»
Es politólogo, profesor titular, decano y rector emérito de la UASD. En 1998 superó un cáncer de colon tras ser operado en el Memorial Sloan Kettering de Nueva York. Sin embargo, el cambio más profundo comenzó en 2003, cuando el entonces procurador Víctor Céspedes le consultó cómo rescatar las prisiones del país. Su respuesta cambió el rumbo de la política penitenciaria: «Hay que convertir cada centro en una escuela».
Así nació la Escuela Nacional Penitenciaria, que exige a todo el personal —desde vigilantes hasta cocineros— formarse antes de asumir sus funciones. Su filosofía es sencilla y revolucionaria:
«Una prisión no es un cuartel ni una empresa. Ahí viven personas, no mercancía. Quienes trabajan en ellas deben ser, ante todo, educadores».
📰 Fuente: Listín Diario, 18 de enero de 2017 / Biblioteca Digital Argentina
El modelo se probó en Puerto Plata en 2004 y luego se expandió por todo el país. Su prestigio cruzó fronteras: ha asesorado reformas en más de siete naciones de América Latina, fue consultor de la ONU y la Unión Europea, y se convirtió en el primer director regional del Centro de Excelencia de las Naciones Unidas para la Reforma Penitenciaria.
📰 Fuente: Central Noticias / Hoy, octubre de 2025
El regreso: sin tregua frente a la corrupción y el crimen organizado
En septiembre de 2025 asumió como director general de Servicios Penitenciarios y Correccionales (DGSPC), con la misión de preparar la transición hacia el futuro Ministerio de Justicia. Desde entonces, ha denunciado que el crimen organizado intenta sabotear la reforma y que 52 servidores están bajo investigación por corrupción interna. Su postura no admite dudas:
«No vamos a permitir que la corrupción siga infiltrando las prisiones. Si hay que cerrar un centro, lo cerramos. Aquí nadie está por encima de la ley».
📰 Fuente: El Día, septiembre de 2026
Hoy avanza con nuevos centros, traslados humanitarios y formación ética permanente. El muchacho que salió de El Naranjal mantiene firme su convicción: la verdadera seguridad no se construye con muros más altos, sino con personas mejor preparadas.
Fue dirigente del grupo Fragua y luego de Uner.
Además fue decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Uasd